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HOGAR Y PARENTELA

                                  HOGAR Y PARENTELA

Abrumada por los expedientes que a diario llegaban a su despacho municipal, mi mujer ya no tenía tiempo para dedicarse a sus hijos. Rulito y Julián Segundo –o Chegu como le decíamos con cariño– crecían como espigas bajo mi atenta mirada. Ellos compartían la misma habitación al igual que sus prendas y juguetes. Mis vecinos me preguntaban si eran mellizos, yo les decía que no. Además era notoria la diferencia física. Rulito era corpulento para sus diez años y tenía un carácter mandón que a veces hacía llorar a su hermano menor, que era tímido y huidizo, aunque no dejaba de ser travieso y hábil para las partidas lúdicas: tres en raya, ludo con dados, o a las cartas, juegos que solía disputar con Rulito, al que de continuo vencía sin objeciones, ocasionando que éste lo correteara por el interior de la casa intentando cogerle para golpearle.

UN DISTRITO PARA TODOS

                   UN DISTRITO PARA TODOS

Siempre habíamos creído que nuestra comunidad estaba enclavada en el distrito de San Martín de Porres. Pero, tras la partición de éste en dos distritos, nos quedamos en el aire, es decir marginados de toda jurisdicción. Esta situación encendió los ánimos de los vecinos que nos reunimos en asamblea para deliberar sobre el tema. Flor de María, en calidad de dirigente mayor, dijo:

LA CASA ADECUADA

                              LA CASA ADECUADA

Como la bonanza económica premiaba el esfuerzo desplegado en nuestros trabajos y negocios personales, mi esposa y yo decidimos renovar la vivienda familiar. Para tal efecto contratamos los servicios de una empresa constructora, ubicada en Lima, cuyos albañiles llegaron pronto, como un remolino huracanado, y de unos cuantos golpetazos derribaron los débiles muros de nuestra vivienda. Sólo quedó intacto el corral pantanoso, donde nuestro fiel Halcón, perro viejo ya, se rascaba las pulgas con las patas mientras a su lado los cuyes bigotudos, las gallinas ponedoras de huevos y los patitos que acostumbrábamos criar se disputaban la alfalfa que habíamos puesto a su alcance.

PERDIDOS EN NUEVA YORK

PERDIDOS EN NUEVA YORK

 

Apenas obtuve mi pasaporte español, reservé un billete de avión para irme a los Estados Unidos. Mi ilusión era vivir en Nueva York, la nueva capital del mundo, donde confluían los más ricos hombres de negocios, los mejores deportistas y artistas en general. Ahí habría oportunidades para mí, estaba seguro. Ahí me haría de dinero y conseguiría las cosas a las que aspiraba en la vida.

VIVIR POR TI LA VIDA QUE PERDISTE

VIVIR POR TI LA VIDA QUE PERDISTE

Meses después del nacimiento de mi segundo hijo, Flor de María me dijo incrédula que estaba otra vez embarazada. Era una feliz noticia, pero también un motivo de preocupación porque no contábamos con los recursos económicos suficientes para brindar a nuestros hijos una vida digna  Ella pensó entonces en la posibilidad hacerse una ligadura de trompas para no tener más hijos en el futuro. Yo desestimé su idea de operarse y ella estuvo de acuerdo conmigo. Le dije que lo mejor sería empezar a cuidarnos empleando los métodos caseros. Decidimos pues que el bebé que venía en camino sería el último vástago de nuestra familia.

CAMARERO ENAMORADO

CAMARERO ENAMORADO

 ¡Camarero

La voz suave y nítida provenía de una chica rubia que estaba sentada junto a otra morena, al final de la segunda fila de mesas ubicadas por el lado izquierdo dentro el local. Pablo le hizo una seña con la mano indicándole que enseguida la atendería. Procedió a recoger la última tasa de café y las migajas de pan sobrantes en la mesa de la que se encontraba limpiando, y a paso ligero tras dejar los trastos en la barra se dirigió hacia las nuevas comensales.

EL PARQUE DEL ADIÓS


EL PARQUE DEL ADIÓS

  

Conocí a Juana en la casa de una familia andaluza, donde por coincidencia, unos días antes, yo había empezado a trabajar como chófer del dueño de la finca. Mi labor consistía en transportar al jefe hacia su oficina de trabajo y más tarde traerlo de vuelta a casa,  llevarlo y esperarlo a la puerta de las tiendas y los centros comerciales cuando iba de compras, llevarlo o recogerlo del aeropuerto cuando iba o venía de viaje, en fin eran faenas puntuales, el resto del tiempo, dentro mi horario de trabajo, estaba desocupado.

DESARROLLO COMUNAL

                             DESARROLLO COMUNAL

Nuestra barriada ingresó en la atrayente dimensión de la modernidad, cuando pesados tractores empezaron a remover el suelo terroso de las desniveladas callecitas para uniformarlas en planos horizontales. Los pobladores entusiasmados –conocedores de lo que se venía– para facilitar el trabajo de los obreros nos dimos a la labor de aplanar por cuenta propia los metros de calle frontales a nuestras viviendas.

SOÑAR NO CUESTA NADA

                         SOÑAR NO CUESTA NADA

Julián Segundo, a diferencia de su hermano Rulito, era delgado y bajito, aunque poseía una desbordante imaginación, cualidad que le hacía soñar despierto –incluso cuando iba por la calle–, y le impulsaba a cambiar a su mero antojo la realidad del mundo. Cierto día, siendo ya adolescente, creyéndose tan bueno como Bruce Lee se atrevió a propinarle una patada de kung fu a su propio monitor, quien al instante se la devolvió tan fuerte, y en una parte delicada del cuerpo, que no le quedaron más ganas de volver a clase.

VAIVENES DE FAMILIA

         ES DIFICIL SER BUEN PADRE

Ante el incremento de la competencia, con otros negociantes del ramo que habían invadido el mercado y vendían sus unidades a precios casi regalados, mi pequeño negocio de compra venta de vehículos usados, localizado en una garita anexa al taller aceitoso de mi socio Pedro Mayta, donde exhibía un par de automóviles reconstruidos, empezó a irse a pique. No había ventas y lo peor, estaba endeudado hasta el cuello con mi Banco. Mi socio, al ver la situación, me sugirió la idea de cambiar de giro comercial.
-La compra venta de terrenos baldíos, sería una alternativa para amortiguar la caída de nuestro negocio de carros. -dijo.
Le di la razón. Y, tras cerrar la venta de uno de nuestros coches selectos, en realidad una repintada camioneta del año 70, adquirimos un terreno de cien metros cuadrados ubicado en una esquina de la avenida Huandoy, distrito de Los Olivos. Luego, con la esperanza de una suculenta ganancia la pusimos en venta a través de los periódicos.
Pero grande sería nuestra decepción cuando cientos de familias -que según decían contaban con el apoyo de congresistas ligados al partido Aprista- de un momento a otro invadieron los terrenos que se extendían hacia ambos lados de dicha avenida. Nuestro lote fue literalmente ocupado por una pandilla de gente con traza de malhechores.
Nosotros, con la firme intención de recuperar nuestra propiedad, contratamos los servicios de un abogado, pero como éste no se movía le pagamos a un juez para que ordenara el desalojo de los invasores pero tampoco tuvimos éxito. Casi desesperados le hablamos a un general de la policía nacional para que interviniera. Pero su intervención resultó también ineficaz.
Durante meses, movimos cielo y tierra, hicimos hasta lo imposible, pero hasta la fecha, ni aún con la firma de un ministro hemos podido recuperar nuestro terreno.
-Todo da vueltas -nos dijo con sorna un ruletero- Ayer fuiste invasor, hoy serás invadido.
Angustiados, y antes de perder lo que nos quedaba de capital de trabajo, Pedro y yo disolvimos nuestra sociedad.

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